Autor: Quenca
Entre todos los recuerdos aquel viejo embarcadero. Tumbada sobre las quejosas tablas hice unos prismaticos con mis manos y me sumergi en la inmensidad azul del cielo. No habia pubes blancas. Solo azul infinito. La tarde transcurria. Todo estaba en silencio, apenas el leve chasquido del agua contra los postes de madera. Todo se desvanecio. Desaparecieron las casas, la gente... Todo se esfumo. Solo quedo un trozo de cielo y yo, sumergiendonos, invadiendonos. Aquella tarde senti que la paz se podia tocar. y
Escuchar fragmento y raquo;